sábado, 21 de agosto de 2010

Que poca madre...

“Que poca madre” dijo el taxista regiomontano refiriéndose a un agente de tránsito que en medio del caos vial que imperaba cuatro días después de la Tormenta Tropical Alex, en vez de ayudar a hacer mas ágil la vialidad, se dedicaba a detener y pedir “mordida” con el menor pretexto, a los automovilistas que por razones de trabajo se aventuraban a transitar por las calles de Monterrey. Su afirmación “poca madre” me llevó a reflexionar sobre la difícil  infancia de aquel policía de tránsito: la expresión “tener poca madre” se refiere necesariamente a un huérfano, a aquel que crece sin una figura amorosa que educa, guía y nutre.

México ocupa el segundo lugar de niños huérfanos en América Latina; de ahí la importancia de promover una cultura de la adopción como parte de los derechos fundamentales de la infancia. Debemos apoyar adopciones independientemente de la orientación y el género de las parejas. Incluso, promover la organización de familias comunitarias formadas por jóvenes capaces de hacerse cargo de niños huérfanos  y apoyar este modelo con subvenciones del Estado. Porque lo importante es garantizar un microambiente social de amor para todos los menores. Eso sí, puede reducir la delincuencia.

Si la heterosexualidad de los padres fuera garantía de buena crianza y desarrollo mental de los hijos no habría tanta ineptitud y perversión en los políticos, las Iglesias no estarían llenas de pederastas y no habría tantos niños abandonados, maltratados y explotados. Cualquier ser humano, independientemente de su orientación sexual, puede desempeñar con éxito el papel de madre o padre si es capaz de generar y ofrecer una estimulación sicoafectiva para crear vínculos amorosos, que son tan importantes como el alimento para sobrevivir y desarrollarse.

El estudio clásico al respecto, realizado en 1946 por el médico sicoanalista René Spitz, demostró con dos grupos de neonatos que recibieron los mismos cuidados higiénicos y nutricionales que el grupo que no recibió estimulación afectiva a través de caricias y palabras presentó el síndrome de depresión analítica que, pese a la buena alimentación, puede producir desnutrición, enfermedad y hasta la muerte. En México, el doctor Joaquín Cravioto demostró a su vez que si no fuera por la capacidad afectiva de las madres humildes, el número de niños con desnutrición de tercer grado sería mucho mayor.

Una buena política de adopciones debe facilitar los trámites, detectar la salud mental y el potencial afectivo de quienes desean adoptar, además de dar seguimiento a cada caso. Confío en que una política adecuada de adopciones, nos haga referirnos a nosotros los mexicanos como gente “a toda madre” como gente que vivimos una vida “bien padre”, en vez de expresar con amargura y paradójicamente que nuestra vida, “vale madre”.

 

 

 

 

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