lunes, 1 de noviembre de 2010

Errando tambien se aprende...

La semana pasada, recibí un correo electrónico de una alumna pidiéndome explicaciones del por qué había obtenido 92 como calificación final, en vez de 100, añadiendo que tal calificación le había provocado depresión y “decepción de sí misma”. Le respondí explicándole cuales habían sido sus errores: específicamente, en un ensayo que redactó, no dio crédito a las fuentes bibliográficas que utilizó, y eso se llama plagio, hablando en “plata pura”.  Ignoro si mi correo le haya ayudado a salir de la postración que la aquejaba y sentí pena por su fútil afán de obtener 100 inmerecidamente;  indudablemente vivimos en una sociedad que premia el acierto y penaliza el error. Para nuestro sistema educativo, el error es estéril y vacío.

La historia de la humanidad está llena de errores que nos han llevado más allá de nuestros límites. Desde el error de cálculo que condujo a Colón al continente americano, muchos aciertos humanos han salido de pequeñas y grandes catástrofes. El yogur, hoy presente en la mayoría de los hogares, lo descubrió según la tradición, una caravana de comerciantes búlgaros que trasladaban leche de un poblado a otro, sin que supieran que para conservarla, había que mantenerla refrigerada y vieron cómo, por efecto del sol, ésta se había fermentado. Uno de ellos la probó para ver hasta qué punto se había echado a perder. El sabor le gustó y, con el tiempo, se descubrió que tenía efectos benéficos  para el estómago. Había nacido un producto que conquistaría el mundo. Tenemos mucho que aprender de los errores.  Es algo que me gusta comunicar a mis alumnos: no hay que tener miedo a equivocarse, porque no hay otra manera de aprender. La vida es una constante prueba y error. James Joyce, el genial escritor irlandés dijo que “Las equivocaciones son los portales del descubrimiento”.

Steve Jobs, el fundador de Apple, al terminar su primer semestre universitario, se dio de baja por mala escolaridad en Reed College; con el tiempo y después de largos esfuerzos se convertiría en un genio creativo y en un empresario exitoso quien en 1984 contrató a John Sculley para que dirigiera con mayor eficacia, la empresa que él mismo había fundado. La mala relación entre los dos, precipitó la renuncia de Jobs, debido al apoyo de los accionistas otorgaron al recién llegado. Sin embargo, gracias a su despido, Steve tuvo tiempo de crear en 1986 la compañía de películas de animación Pixar, que firmó acuerdos con Walt Disney para producir algunas películas de enorme éxito, como Toy story. Pixar terminó en manos de Disney por 7.400 millones de dólares, y Jobs se convirtió en el mayor accionista individual de la misma Disney. Su éxito no pasó inadvertido a Apple, que en plena crisis le devolvió las riendas en 1997 para que reflotara la empresa; con su regreso, empezaría la edad de oro de la compañía, con éxitos masivos como el iPod, los nuevos iMac o los actuales iPhone.  La semana pasada, el Presidente Barak Obama se reunió durante 45 minutos con Steve Jobs,  el famoso ex-alumno “deficiente y errático” de Reed College para discutir dos temas fundamentales: competitividad y educación.  Seguramente Jobs tendrá mucho que decir al respecto: ha sido un arduo e invencible guerrero en la carrera por la competitividad y en cuanto a la educación, ha sido el vivo ejemplo que errando también se aprende…

 

PD: ayer recibí un correo electrónico de mi alumna, diciendo que estaba conforme con el resultado y que ahora entendía las razones de su nota final. Me alegré muchísimo por su aprendizaje!

 

 

 

 

 

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