martes, 26 de abril de 2011

En memoria de mi abuela.

“Fue su propia amiga Thelma, la que los presentó” me dijo mi abuela aquella calurosa tarde de agosto cuando después de hacer mi tarea, disfrutábamos de un enorme vaso de batido de melón con hielo en la refresquería del pueblo. Don Tomas, el propietario del lugar era un anciano flaco, encorvado y pelón “como bola de billar” pero atendía a sus clientes con agilidad y esmero, advirtiendo: “si no le agrada el batido, dígame y se lo preparo como a usted de guste”. Aunque yo tenía ocho años, recuerdo que mi abuela decía que Don Tomas le echaba a sus batidos “los polvos de la madre Celestina” y por eso sus clientes regresaban diariamente al caer el sol, para satisfacer su adicción a los deliciosos batidos de frutas.

 “El amor es un accidente de circulación”-decía mi abuela aleccionadora; “en el caso de Wallis Simpson así fue; fue la misma Thelma quien le presentó a su amante Eduardo, el príncipe de Gales, hijo mayor del Rey Jorge V y la reina María. Eduardo era el heredero del trono británico;  la Wallis era una plebeya, una gringa de esas de cascos ligeros, que ya para ese entonces se había casado dos veces, y no dudó en separar a Thelma y a Eduardo para quedarse con él; ella era una vieja lagartona sin escrúpulos que le clavó el puñal a su amiga y se convirtió en amante del príncipe y se encargó de sorberle el seso. Al príncipe le gustaban las mujeres mandonas, así que en un santiamén lo convirtió en un amante servil y dependiente de ella. Poco tiempo después de ser coronado Eduardo Rey de Inglaterra, abdicó al trono, por su amor a Wallis, dado que la corte no le permitía desposarse con una divorciada. Ay qué suerte tienen algunas; la suerte de la fea, la bonita la desea” decía mi abuela que succionando con fruición llegaba al final de aquel batido dulce sin hacer ruido, cosa que jamás he podido lograr: “no hagas ruido al acabarte el batido, es de pésima educación, Luisito” me advertía.

Muchos años han pasado de esta conversación y por supuesto que los tiempos han cambiado radicalmente en los protocolos de las casas reales. Los príncipes ya no se casan con jóvenes de sangre azul, ni se unen por conveniencia; ya no importa que sus parejas tengan hijos o estén divorciadas y solo dan el paso cuando están convencidos de que ellas o ellos están preparados para afrontar el reto de la convivencia y la exposición pública. Si ha habido un príncipe que ha tenido en cuenta todas estas circunstancias ha sido Guillermo de Inglaterra, que huye del guión que tristemente escribieron sus padres. La futura esposa, Kate Middleton es una joven universitaria, hija de un piloto y una azafata que ahora administran una empresa de fiestas infantiles. Sale desde hace ocho años con Guillermo, con el que lleva viviendo cinco. Esos ocho años de relación tuvieron una breve interrupción hace tres. Ellos mismos han reconocido que la separación fue determinante para decidir que estaban dispuestos a afrontar juntos el reto de ser reyes en el siglo XXI.

Este largo noviazgo le ha permitido a Kate familiarizarse con las arcaicas costumbres de la familia real británica y formarse para su papel de princesa. Desde que se hizo público su compromiso solo ha cosechado alabanzas. A los británicos les gusta cómo se viste, cómo sonríe, cómo amadrina barcos y estrecha manos. Su primera prueba real la pasará el día 29 de abril cuando se convierta en la esposa del heredero del heredero. Pero de momento tiene todas las encuestas a su favor. Los británicos ven en ella la perfecta sucesora de Diana, la mujer que acercó la fría monarquía británica al pueblo. Esos valores que Guillermo ha querido mantener vivos y que le han convertido en el preferido para suceder a Isabel II, desbancando a su padre que lleva más de 59 años esperando su momento. Por eso la cita del próximo viernes reune todos los ingredientes para que sea la boda del siglo. Se casa uno de los miembros de la monarquía más importante del mundo y lo que es más importante para muchos: se casa el hijo de Diana.

Dos mil millones de espectadores seguirán, según el Gobierno británico, la ceremonia por televisión y 1.900 invitados acudirán a la ceremonia, entre ellos representantes de todas las casas reales. En esta pareja de jóvenes están depositadas también muchas esperanzas de otras monarquías, preocupadas por encontrar sentido a su existencia en el siglo XXI. Guillermo y Kate saben que se tienen que ganar el puesto. Están preparados para cuando llegue su hora. La espera puede ser muy larga o corta. Todo depende de que Carlos y Camila les dejen paso o decidan seguir su camino al trono. En esta decisión pesará el recuerdo de Diana, que sigue vivo en muchos británicos. Por lo pronto, seguiré por televisión la transmisión de la boda, tomando un batido de melón con hielo, en memoria de mi abuela…

 

 

 

 

 

 

 

 

 

lunes, 18 de abril de 2011

Desafinado.

Nada conmueve mas a un hombre, que la posibilidad de salvar a otro; al ver a aquel padre gritando Estevao, Estevao, Estevao, me acerqué y le dije: “Procura seu filho? Faz alguns minutos que o vi falando com uns jovens surfistas; Ja' não os vejo aqui , muito provavelmente seu filho os pediu ajuda. Eles o levaram ao escritorio da policia que se encontra lá, na estação de segurança da Praia”. (¿Buscas a tu hijo? Hace unos minutos vi que hablaba con algunos jóvenes surfistas; ya no lo veo por aquí, muy probablemente al ver que su hijo pedía ayuda, lo llevaron a la estación de policía que se encuentra allá, en la caseta de seguridad de la playa). “Muito obrigado senhor. Vim a praia com minha namorada e no ultimo momento me ocorreu de perder me filho.” (muchas gracias, Señor; vine con mi novia a la playa y en el último momento ocurre que acabo de perder a mi hijo). Saltando con la agilidad de una gacela, se alejó saltando en un solo pie hacia la caseta de policía.

Después de visitar Brasil siete u ocho veces, concluyo que los brasileños son versos sueltos. En Brasil  sobrevive la socialdemocracia y se impone el anhelo de la redistribución. Fue el último Estado en proscribir la esclavitud, en 1889. Gran parte de su población desciende de aquellos hombres y mujeres sin derechos, y los más pobres siguen siendo los negros. En Brasil nunca ha habido conflictos raciales. El apartheid ha sido siempre más económico que basado en el color de la piel. Si de algo presume este país es de ser estable, amable y fiable, lo que le permite recibir más inversiones extranjeras que nadie. Tiene un régimen de libertades en comparación con otros emergentes como Rusia o China. No tiene enemigos como India. No tiene pretensiones nucleares como Irán. Y, para cerrar el círculo de su prosperidad e inminente papel universal, acogerá en 2014 el Mundial de fútbol y en 2016 los Juegos Olímpicos en Río de Janeiro. ¿Serán capaces los brasileños de afrontar ambos retos? Conociendo a los brasileños no creo que lo tengan claro. Si lo logran; si Brasil conjura su secular desorganización, corrupción, analfabetismo y falta de infraestructuras, y convierte su estilo desafinado en su polo de atracción, ambos megaeventos supondrán su consagración como potencia mundial. Le aportarán autoestima, renovarán su paisaje urbano y elevarán sus maltrechos índices de desarrollo humano; espero que no se les escape esta oportunidad.

Regresé a mi lugar y a lo lejos vi a la policía entregando al niño, quien al ver a su padre estalló en llanto; sin embargo, dos policías se vinieron caminando con el mulato y pude escuchar las preguntas que le hacían: exigían explicaciones de por qué la pareja había descuidado al niño, y por qué la madre estaba durmiendo, en vez de cuidarlo; El mulato explicó que esa mujer no era su madre, sino su novia; que él se había divorciado hacía un mes y que le correspondía cuidar al niño los fines de semana.  Finalmente, después del interrogatorio, los policías se alejaron y dejaron al niño con su padre; la mulata seguía durmiendo; el hombre advirtió a su hijo esta vez que se quedara ahí, al lado de su amiga y no se moviera; inmediatamente después, se incorporó nuevamente y saltando en una pierna se internó de nuevo al mar, para continuar su charla con su joven amiga rubia; El niño empezó a cavar un hoyo en la arena; entretanto, la mulata dormía aun, arrullada por las notas de la bossa nova:

Só não poderá falar assim do meu amor

Este é o maior que você pode encontrar

Você com a sua música esqueceu o principal

é que no peito dos desafinados

No fundo do peito bate calado

Que no peito dos desafinados

também bate um coração

 

 

domingo, 10 de abril de 2011

O menino da praia...

Se você disser que eu desafino, amor

Saiba que isso em mim provoca imensa dor

Só privilegiados têm ouvido igual ao seu

Eu possuo apenas o que Deus me deu

Se você insiste em classificar

meu comportamento de antimusical

Eu mesmo mentindo Devo argumentar

Que isto é bossa nova

Que isto é muito natural

O que você não sabe nem sequer pressente

é que os desafinados também têm um coração…

 

                                                                                        Desafinado, de Carlos Jobim.

 

 

La tarde era espléndida; un sol playero inmisericorde se alzaba triunfante; el agua del mar se difuminaba en tonos de azul hasta confundirse con el  horizonte infinito; unas cuantas gaviotas perezosas extendían sus alas y revoloteaban sobe algunos bañistas que freían sus cuerpos a fuego lento. Eran después de las dos de la tarde cuando llegué a la playa; cavé en la arena un hoyo profundo para colocar una enorme sombrilla que me protegiera de aquellos rayos de sol incandescentes; inmediatamente después ajusté la sombrilla hasta lograr una sombra fresca y generosa; extendí mi toalla y a mi lado coloqué una hielera pequeña, con algunas botellas de agua fría.  Sentí el soplo de la brisa tibia y  una leve nube de de arena se esparció por  mi cuerpo. Acostado ya, estiré mi mano hasta alcanzar una botella de agua y ahí, a mi izquierda vi a aquella pareja espectacular.

 

La mujer tirada bocabajo era una mulata cuyo cuerpo curvilíneo brillaba por el aceite y el sudor. Llevaba un brevísimo bikini color lila y su pelo suelto se alborotaba con el viento. Se había desabrochado el sostén para evitar las manchas de sol sobre su espalda. Aunque tirada bocabajo, era evidente la generosidad y la firmeza de sus senos y lo estrecho de la cintura que contrastaba con las curvas perfectas de aquellas caderas gráciles. Provista de un equipo reproductor de audio, escuchaba una Bossa Nova cuyas notas escapaban audiblemente: “que isto e bossa nova, que isto e muito natural…” Tendido a su lado, un mulato de piel ligeramente más oscura se extendía también al sol. Un minúsculo Speedo color amarillo contenía su perfecta musculatura; echado también bocabajo, su espalda enorme reflejaba una geografía muscular marcada, producto de horas en el gimnasio. Al lado de la pareja, un pequeño de unos 5 años y mirada melancólica, comía un pedazo de pizza. El niño llevaba al igual que su padre, un pequeño traje de baño amarillo ligero que contrastaba con su piel oscura, sus ojos redondos y su pelo rizado.

 

El hombre se dio la vuelta, se colocó bocarriba y enseguida se sentó, colocándose frente al mar; sus ojos enormes, nariz respingada y labios carnosos acusaban la cruza afortunada entre africanos y europeos; abrió una botella de agua y empezó a beber en grandes sorbos hasta agotarla, mientras observaba a las bañistas jóvenes que jugueteaban brincando las olas. Ahí frente a sus ojos había cuatro ninfas de piel blanca, cintura breve y pechos diminutos; probablemente provenían de algún estado del norte y vacacionaban en la playa. Me di cuenta que la más rubia y tal vez la más joven del grupo, enterró su mirada en aquel mulato, quien de inmediato le sonrió, empezando un intercambio de miradas fugaces y sonrisas cómplices que duró tan solo unos instantes; el mulato volteó a ver a la mujer quien dormía apaciblemente a su lado y se incorporó, dirigiéndose a la playa. Al levantarse me di cuenta que se sostenía en una sola pierna, la derecha. Tenía la pierna izquierda ligeramente más corta y no alcanzaba a apoyarla al suelo; parecía difícil de creer que aquel cuerpo perfecto, como tallado en madera tuviera una imperfección; saltando ágilmente en solo un pie, el mulato llegó a la orilla. Cuando el niño advirtió que el hombre corría hacia el mar, se apresuró a alcanzarlo, pero éste le reprendió en portugués, advirtiéndole que se entretuviera jugando con la arena y que no se alejara. Inmediatamente después, le dio la espalda y se zambulló en el agua, para enfocarse a la tarea de iniciar conversación con su nueva amiga que sonriente le esperaba. Entre tanto, la mulata dormía el sueño de las  bendecidas mientras el mar seguía tejiendo olas de espuma blanca.

 

Al principio el pequeño obedeció y empezó a jugar con montoncitos de arena pero después de un rato empezó a correr por la playa y a saltar entre los charcos que se hacen una vez que las olas tocan la orilla y se retiran; poco después regresó y miró la espalda de su padre que seguía entretenido con la rubia; finalmente corrió por largo rato hacia la derecha de la playa; allá a lo lejos, con esfuerzo, alcancé a verlo, hablaba con varios adolescentes que practican surf y que se colocan con sus tablas, lejos de los bañistas para prevenir accidentes; después, lo perdí de vista; entretanto, la mulata seguía durmiendo y el hombre compartía con su joven amiga asiéndola de la cintura, mostrándole como mantenerse en equilibrio a pesar de la fuerza con que azotaban las olas.

 

Cerré mis ojos por un momento para identificar la letra y el titulo de la Bossa Nova que arrullaba la siesta de la mulata; sí, se trataba de “Desafinado”, el célebre tema musical compuesto por Antonio Carlos Jobim, en 1959, en plena efervescencia de la Bossa Nova, y sin duda, el mejor apunte natural esbozado sobre Brasil; “Desafinado” es una metáfora del cuerpo y alma del brasileiro; Lirica, rítmica, perezosa y sensual, esa canción huye en cuatro estrofas de la norma establecida por la industria discográfica y argumenta a mitad del camino entre el jazz y la samba, que en Brasil hay otra forma de hacer las cosas, de comprender la música y de establecer relaciones humanas, y en pocas palabras, otra forma de vivir; “é que os desafinados também têm um coração…” y efectivamente, como dice Jobim, en el pecho de los desafinados también late un corazón.

 

El mulato volteó hacia la orilla y empezó a buscar con su mirada al niño, volteando repetidas veces hacia varias direcciones; al no encontrarlo, dejando a su amiga rubia en el agua, salió del mar, vio que la mulata continuaba profundamente dormida y empezó a correr con una agilidad impresionante, saltando sobre una pierna, a la vez que gritaba, al principio con voz ronca y después como el alarido que profiere un animal herido de muerte: Estevao, Estevao, Estevao… 

 

Continuará.

 

 

 

 

 

 

 

domingo, 3 de abril de 2011

Martes y Jueves: la ruta de lo que soy.

Cargué la pesada bolsa de bates de madera y la subí con fastidio a la camioneta. Los martes y jueves por la tarde tenía que ir con mi padre y su equipo de jugadores de beisbol al estadio municipal. Mi padre había jugado ese deporte profesionalmente, y aunque retirado de la Liga Mexicana, trabajaba como coach del mejor equipo local; dos veces a la semana entrenaban duramente, de tres y media a seis y media de la tarde. No creo que haya odiado más una actividad deportiva que el beis bol durante mi infancia. Mi madre se lo había pedido expresamente: “llévate a Luisito a las prácticas; el niño va a cumplir ya ocho años y necesita hacer ejercicio”. Mi padre aceptó la idea de buena gana, pero nadie me preguntó si yo estaba de acuerdo.

 

Al llegar al estadio, mi padre nos daba la misma instrucción: “Vamos, rápido, hay que correr durante media hora, muévanse”; después de correr, hacíamos ejercicio variado por otros treinta minutos: calentamiento, estiramientos, sentadillas, lagartijas, fondos y desplantes; después de una hora ininterrumpida, había un receso de cinco minutos y las siguientes dos horas, el equipo de jugadores se dividía por especialidades: algunos jugadores hacían práctica de bateo, otros corrían y practicaban cómo atrapar la pelota elevada, desarrollaban la habilidad para robarse las bases, y barrerse,  otros mas, se ejercitaban para hacer “doble play” tocando a un jugador y lanzando la pelota a home; mi padre esperaba que yo estuviera listo para recoger las pelotas que se le pasaban al cátcher y llevárselas de regreso.

 

Esas tres horas que me parecían eternas; una vez que regresaba de la escuela: me gustaba disponer de mi tiempo libre de una forma distinta: gozaba leer libros que me sugería mi abuela y discutirlos más tarde con ella; me gustaba además escribir relatos en un cuadernillo. A los cinco años empecé a leer y este acontecimiento me pareció como algo prodigioso: de pronto los signos cobraban vida; la combinatoria de las letras que se convertían en palabras me parecía algo mágico; a los seis años aprendí a escribir y mis tardes libres eran un tesoro que no podía ni quería ceder por culpa de aquella imposición.

 

Afortunadamente, conté con la complicidad de mi padre; jamás lo hablamos, pero fue como un acuerdo tácito: después de la primer hora de ejercicio, mi padre me daba oportunidad de que me desapareciera durante las siguientes dos horas. A cambio,  yo no le decía a mi madre que después de la práctica, mi padre y su grupo de jugadores llegaban a la Tienda de Tino a tomar cervezas y a espiar a las jóvenes sirvientas que llegaban a comprar pan dulce para la merienda y que por eso, llegábamos a casa a las ocho de la noche; mi madre creyó toda su vida que aquella práctica de beis bol duraba cuatro horas y media.

 

Aquellas tardes que empezaron como tortura, se convirtieron en una oportunidad que me marcaría de por vida; a unos escasos metros del estadio municipal, estaba la única biblioteca del pueblo; en ese lugar perdía el sentido del tiempo, ahí vencía las horas largas y esos ciento veinte minutos se tornaban instantes que yo quería fueran eternos; en aquellas tardes de los martes y jueves leí La hija del capitán de Aleksander Pushkin, Las Flores del mal de Charles Baudelaire, Maria de Jorge Isaacs, La Divina Comedia de Dante Alighieri y por supuesto El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha de Miguel de Cervantes y Saavedra; de esa época data también mi afición por las crónicas de viajes de Marco Polo. Mi lectura de su libro de las maravillas impactó para siempre mi afán por viajar: las vívidas descripciones sobre la vida de palacio de una China lejana, desconocida y exótica, las imágenes de Siam, que ahora llamamos Thailandia, la misteriosa Cipango, que posteriormente se llamaría Japón, y las legendarias regiones de Java y Conchinchina, que actualmente forman Vietnam hicieron prometerme que un día, vería con mis propios ojos esos destinos.

 

Al salir de la biblioteca, me reunía con mi padre y su equipo de jugadores revitalizado, con los ojos brillantes por el delirio de viajar y conocer un mundo ancho e inmenso a través de la lectura de aquellos libros; hoy le agradezco a mi padre su apertura para dejarme libre esas tardes de martes y jueves,  que definieron para siempre la ruta de lo que soy…

 

 

 

 

 

 

domingo, 27 de marzo de 2011

Autografo...

“Deme dos metros y medio de esa tela que llaman Crema Batida”. Escondido entre los tubos de telas, oí la voz de mi madre, dirigiéndose a la empleada de Almacenes Esper, la única tienda de telas del pueblo; instantes después, oí el rasgueo de la tela al ser cortada. La tienda estaba cerca del mercado y vendían toda clase de material de costura: hilos, agujas, estambres, brocados y telas. A mí me gustaba acompañar a mi madre porque me perdía a propósito entre la multitud de carretes para sentir la suavidad de la textura de aquellas telas que olían a fragancias nuevas y misteriosas; aquella experiencia me trasladaba imaginariamente a lugares exóticos y desconocidos.“Vámonos, Luisito, ¿donde andas?” oí de nuevo la voz de mi madre, y salí apresuradamente. “Anda, vámonos que todavía tengo que ir a la casa de mi comadre Mine, a dejar esta tela para que me haga un vestido” dijo y me tomó de la mano; vi las uñas de sus manos y pies pintadas de color rojo carmesí, mientras caminábamos apresuradamente por la calle, llevándome en vilo.  La casa de la comadre quien se dedicaba a “coser ajeno” estaba ubicada a unas cuantas cuadras del mercado, en el centro del pueblo. Mi madre y Mine habían estudiado juntas y cultivado amistad durante muchos años, hasta que la disputa por el amor de Pablo se interpuso entre ellas.

 

Mi madre era morena clara, grácil y de bello cuerpo; pechos turgentes, breve cintura, largo cuello, hombros delgados y brazos firmes; Mine en cambio, decía mi madre, era “blanca lechosa, de ojos verdes, cuello corto, escaso busto y había nacido bajo la ley del tordo: piernas flacas y culo gordo”. Mi padre había reído a carcajadas, cada vez que mi madre describía a su comadre; fueron grandes amigas hasta que un mal día, Mine le arrebató a su novio Pablo; “Al poco tiempo Mine salió encinta y se tuvieron que casar, para callar las habladurías del pueblo y así nació Minita, luego vino Lulú, después Cachita y finalmente tuvieron a Pablito, el único varón; cuando Pablito tenia cuarenta días de nacido, Pablo la dejó con sus cuatro hijos y se fue con una quinceañera de Xilitla” decía me madre “y desde entonces, se dedica a la costura, para dar de comer a tanta boca”.

 

Mi madre tocó la puerta de madera y escuchamos una voz que decía “Pásele, está abierto”.  Al vernos entrar, Minerva interrumpió su costura y se levantó abriendo los brazos. “Comadre, que milagro” dijo y ambas se fundieron en un abrazo afectuoso. “Vengo a que me hagas un vestido blanco, igualito al que saca Maggie, en La gata sobre el tejado de zinc caliente” dijo mi madre. “Ay como no, si ya vi la película de Liz Taylor, que bonita se ve en la escena donde sale con ese vestido blanco tan escotado y le reclama al marido su desamor” dijo Minerva mientras sacaba la cinta métrica amarilla para tomar las medidas de mi madre y en un papelito de color sepia anotaba: 91-58-90; “Ay que bárbara, comadre, sigues teniendo la misma talla que tenias cuando eras una muchacha; lo quieres abajito de la rodilla, ¿verdad?”  Mi madre asintió con la cabeza, mientras Mine agregaba: “¿ya leíste el ultimo numero de Life? Ahí viene en la portada Liz Taylor, con el nuevo esposo, Eddie Fisher, el que era marido de la Debbie Reynolds”. Mi madre suspiró profundo y respondió: “sí, ya vi la foto;  pero no cabe duda que en esta vida todo se paga, comadre…” y no hubo más comentarios,  ni de mi madre, ni de Mine; un silencio cortante se hizo pesado en aquella sala de costura; al despedirnos, escuché a mi madre decirle apresuradamente que necesitaba tener el vestido listo en dos semanas.

 

Para mi madre, Elizabeth Taylor fue su musa; encarnó siempre el estereotipo de belleza de la mujer de su época; alabó su gusto por sus cambios de imagen, por las suntuosas joyas y el sentido “avant garde” que la estrella de Hollywood tuvo de la moda; lo único que jamás le disculpó fue que le arrebatara el marido a su mejor amiga; aun así, recortaba las fotos que aparecían en revistas y las pegaba con esmero en un álbum que tenía sobre la artista; mi madre murió hace diez años; Liz Taylor falleció la semana pasada. Sabiendo el entusiasmo delirante de mi madre por la diva, no tengo dudas que haya estado pendiente para recibirla y para pedirle un autógrafo…

 

 

 

lunes, 21 de marzo de 2011

Goce infalible...

Ignoro si fue el efecto hipnótico del plenilunio o fueron las ganas de aventurar, pero el sábado pasado me interné por los laberintos de Oakland Park hasta encontrar el sitio que buscaba: El Wahid, único restaurant egipcio en esta zona del sur de la Florida. El restaurant, minúsculo y oscuro,  contaba con unas diez mesas iluminadas apenas por velas; el olor a ajo, a aceite de oliva y a tomillo que aspiré al llegar al lugar, me produjo una hambre que no entendía razones; afortunadamente Abasi el propietario del Wahid me trajo inmediatamente un plato con pan pita recién salido del horno, y un dip de berenjena con mantequilla de ajonjolí que apaciguó mi alborozo intestinal. Pedí una cerveza y tres platillos: una sopa de garbanzo y tomate con una pizca de menta; como entretiempo, ordené Ful Medames, el platillo más tradicional de la cocina egipcia, compuesto por frijoles fava sazonados con hierbas aromáticas, trozos de carne de cordero, rodajas de huevo duro y tomate; y una ensalada de pepino, yogurt y ajo tostado.

La noche azul se escurría y la mayoría de los comensales emprendieron la huida, tal vez en busca de un trago en alguno de los bares cercanos, aunque otros hablaban de ir hacia la playa de Atlantic Boulevard, a tomar fotos de la luna reflejada en el mar; por mi parte, yo me quedé platicando con Abasi, quien ante lo animado de nuestra conversación, me trajo otra cerveza, cortesía de la casa; Abasi significa “severo o riguroso” le dije y como respuesta  el hombre sonrió ampliamente y dijo “eso no aplica en mi”; “¿Pero, como sabes eso? ¿Has estado en Egipto?” Me preguntó; “por supuesto, estuve ahí en el año 2002 y tu país me ha fascinado siempre, por la riqueza de su cultura milenaria” afirmé. Abasi emigró a los Estados Unidos huyendo de un régimen dictatorial y opresor; altamente educado, hizo su licenciatura y su maestría en Asuntos Internacionales en la Universidad del Cairo y a su llegada, ante la dificultad de revalidar sus estudios, incursionó en el negocio del restaurant hace apenas tres años; eso era todo lo que necesitaba saber; hablamos como dos viejos amigos, en una charla incesante y esta es la crónica:     

1.     La caída del muro de Berlín, con la reacción en cadena que produjo en toda Europa del Este, fue una revolución anunciada. Lo que está ocurriendo en el mundo árabe no lo predijo nadie. Antes de Túnez, Egipto y Libia dominaba la idea de que la democracia era un valor occidental, culturalmente incompatible con la cultura árabe. Sin embargo, la movilización revolucionaria en los países árabes demuestra que el desarrollo de clases educadas, comunicadas e informadas es incompatible con el autoritarismo. Este logra espacio en sociedades con gran retraso político, económico y social. Detrás de cada crisis terminal de un régimen autoritario hay un conflicto de representación y participación en el poder de nuevos grupos sociales. La democracia está demostrando ser un valor cada vez más universal en la medida que el progreso económico transforma la estructura de clases de los países.”

2.     En el momento en que los ciudadanos alcanzan un mayor nivel de educación, la crítica, el disenso y la diversidad de pensamiento se multiplican inevitablemente. Es imposible que todo mundo piense de la misma manera y las formas de pensar de las personas tienden a modificarse con el tiempo y con los cambios de condiciones. No pueden todos ser de derecha o de izquierda, creer en Dios o tener el mismo Dios, eso es absurdo. Cuando el número de ciudadanos con conciencia crítica aumenta sustancialmente se debilita la posibilidad de gobernar a partir de la superstición, la religión, el caudillismo, las dinastías familiares y las verdades únicas del dogmatismo político. La vieja alianza Iglesia, militares y terratenientes, que sostuvo la mayoría de dictaduras del mundo, se acabó con el crecimiento de las clases medias y el surgimiento de nuevos grupos de poder económico.

3.     La democracia y los derechos humanos no son solo un asunto ético o ideológico, son una tecnología de gobierno que permite mantener cohesionada a la sociedad en medio de las diferencias y la natural diversidad que la compone. Esto es posible cuando hay clases sociales más educadas que entienden que la tolerancia entre contrarios es fundamental para la convivencia pacífica. Pero lo más importante es que ninguna sociedad polarizada en extremo y con divisiones profundas entre sus habitantes es viable ni tiene posibilidades de desarrollo. Por ello, la exclusión social que deriva en exclusión política es un asunto vital de resolver. El mundo árabe viable sin la inclusión de las izquierdas, ni lo será sin la tolerancia hacia los islamistas hasta que logren su moderación.

Me despedí de Abasi prometiéndole volver; la comida y la conversación siguen siendo un goce infalible…

 

 

 

 

miércoles, 9 de marzo de 2011

Reflexiones para discutir con Carlos...

Esta semana reconecté con Carlos a través de Facebook; le había perdido la pista durante más de veinticinco años; después de reponernos de la sorpresa, ambos quisimos hacer un “recuento de los daños” y una de las preguntas indispensables fue: ¿en dónde vives?  De inmediato, mi amigo me respondió que vivía en Chicago; por mi parte le dije que vivía en Florida y lo invité a venir a visitarme.“Mejor ven tú a Chicago” respondió Carlos con otro “inbox” con la franqueza que le caracterizó siempre, “Florida no me atrae en lo más mínimo, allá viven solo ancianos a punto de morirse y cubanos que odian a Fidel Castro”. “Mira” le respondí entre risas: “a ti y a mí poco nos falta para pertenecer a esa comunidad de ancianos decadentes y moribundos; y con respecto al odio de los cubanos, te anticipo que la demografía en Florida ha cambiado mucho y que la antipatía actualmente se reparte entre dos villanos: Fidel Castro y Hugo Chavez”.

Conocí a Carlos justamente en la década de los ochenta, cuando hacíamos la Maestría en Estudios Internacionales en la Universidad de Ohio. Alto y delgado, con un temperamento flemático y con serios problemas para congeniar con el resto de los compañeros, Carlos me agradó de inmediato por la profundidad de sus ideas, por su desenfado y la autenticidad con la que se expresaba, independientemente de que el resto del mundo estuviera de acuerdo; jamás se preocupó que su afirmación fuera a molestara a alguien y tampoco hacia concesiones con nadie para despertar simpatías; Carlos era fiel a sus ideas y se sentía en completa libertad para expresarlas; con frecuencia salíamos a tomar una taza de café después de clases y discutíamos acaloradamente sobre nuestras propias interpretaciones y las implicaciones de las Teorías de la Dependencia y Difusionista sobre el desarrollo en America Latina. A raíz de nuestro reencuentro y bajo la promesa de reunirnos pronto ya sea en Chicago o Miami, o mejor aún, en algún sitio neutral, me senté a escribir y desarrollar estas doce reflexiones, para discutirlas con Carlos:

1.      La democracia latinoamericana por años no fue considerada como una cualidad revolucionaria, sino como un valor eminentemente "burgués".

2.      La izquierda latinoamericana por años definió su identidad bajo el paradigma de la revolución social que estableció el modelo cubano, teniendo a la salud y la educación como sus grandes ejes de transformación.

3.      La derecha latinoamericana y sus dictaduras tampoco tuvieron como paradigma a la democracia, sino a la modernidad mediante el desarrollo económico.

4.      Ambas corrientes, la izquierda y derecha, consideraron que si atendían las necesidades sociales o el progreso económico, las libertades democráticas no tenían importancia.

5.      Por años hubo en Latinoamérica solamente un autoritarismo de izquierda en Cuba, el resto eran dictaduras de derecha. La izquierda prefería expulsar a los opositores y la derecha, asesinarlos. El resultado, en ambos casos, fue pobreza sin libertades e inestabilidad durante décadas, con sociedades en conflicto permanente.

6.      Por esa razón, Florida está llena de latinoamericanos; algunos llegaron a la región buscando asilo político y otros huyeron de la inseguridad y de la amenaza de ser secuestrados; algunos más, por estar en desacuerdo con el régimen de su país, que ponía en peligro sus intereses económicos. A la par de los cubanos, los latinos  han hecho de esta región un caso único en los EEUU; aquí es considerado “cool” ser latino y hablar Español.

7.      Por años, Estados Unidos despreció igualmente a la democracia para Latinoamérica, la "Alianza para el progreso" puso énfasis en el desarrollo económico y no en las libertades. Con el anticomunismo como política, realizó intervenciones, aisló a Cuba y respaldó dictadores, golpes de Estado, fraudes electorales y matanzas. Esta situación comenzó a cambiar con la política de derechos humanos del Gobierno de James Carter, que fue determinante en la caída del dictador Anastasio Somoza de Nicaragua en 1979. La posición de Carter fue visionaria en plantear los derechos humanos y la inclusión de la izquierda. Sin embargo, la reacción conservadora estadounidense trajo con la administración Reagan el conflicto más cruento que haya vivido el continente. Así, en Centroamérica, durante los 80, cientos de miles murieron en una guerra que, teniendo raíces propias, se interpretó como un apéndice de la guerra fría.

8.      Luego de múltiples luchas populares, los derechos humanos y la democracia comenzaron a convertirse en los valores hegemónicos de la política y en los factores de legitimación de los gobiernos latinoamericanos. La izquierda llegó al poder en nuestro continente latinoamericano y comenzó la alternancia. La transición comenzó hace aproximadamente treinta años a partir de cambios democráticos ocurridos en diferentes países. Este proceso a pesar de sus imperfecciones, ha permitido que el continente esté viviendo un prolongado período de estabilidad política que apunta a consolidarse.

9.      Cuando la sociedad se mantiene cohesionada puede utilizar todas sus capacidades y esto da lugar a una relación directa entre democracia y desarrollo. El empobrecimiento social, moral, intelectual, institucional y económico de Cuba tras cincuenta años de revolución, contrasta con el desarrollo social, educativo, económico e institucional de Costa Rica, Chile y Uruguay, los tres países con mayor vigencia y cultura democrática del continente. La actual situación de gran violencia, profunda crisis social, extrema pobreza y riesgo de ser estados fallidos de Haití, Guatemala, El Salvador y Honduras son el resultado de haber vivido las dictaduras más represivas y prolongadas del continente. Los riesgos autoritarios y la extrema polarización que viven Bolivia, Venezuela y Ecuador han resultado de haber excluido social y políticamente a una parte considerable de su población.

10.  Después de medio siglo de revolución cubana, la democracia ha demostrado ser más revolucionaria, más capaz de resolver la pobreza y más eficaz en lograr la participación ciudadana a través del voto y las organizaciones de la sociedad civil. En democracia “si divides a tu país perderás”. Resolver la exclusión social a costa de la exclusión política conduce a conflictos permanentes y a la pérdida de capacidades vitales para el desarrollo. Cuba ha perdido miles de científicos, escritores, artistas y emprendedores, una gran parte de ellos de izquierda y eso mismo está ocurriendo en Venezuela. La gran capacidad intelectual cubana ha sido tal, que no se puede separar el exitoso desarrollo de Florida del exilio cubano; fueron los cubanos educados la piedra angular del desarrollo de la región.

11.  Es imposible que un pensamiento único derive en progreso. La clave del desarrollo está en la interacción dialéctica entre diversidad, diferencias, alternancias, aciertos y errores. Las libertades, las leyes y las instituciones son más importantes para los pobres que el paternalismo autoritario. No querer dejar los gobiernos, envejecer en el poder y heredarle a parientes el gobierno no es revolucionario. La izquierda latinoamericana necesita abandonar el mito cubano para asumir de una vez por todas a la democracia como su identidad. La dictadura cubana y las pretensiones autoritarias de Chávez son los últimos obstáculos a la madurez política del continente y a la continuación del avance de la misma izquierda.

12.  No hay régimen autoritario eterno, Castro y Chávez no permanecerán, como no permanecieron las dictaduras centroamericanas y las sudamericanas, no importa si son de izquierda o de derecha, por más infinitas que parezcan.

Carlitos: estoy listo para el segundo “round” después de veinticinco años…