martes, 26 de julio de 2011

Aunque la mona se vista de seda...

Ese día había terminado temprano mis reuniones en Houston; eran poco mas de las 5 pm y dado que volaría de regreso a Florida hasta el día siguiente, entré a mi habitación y al cepillarme los dientes  dudé entre ir a nadar en la piscina del hotel o lanzarme a cenar para después empacar y dormir. La idea de salir a cenar ganó la partida. Tomé un taxi del hotel hacia Galerías, el enorme centro comercial; entré por una de las puertas que dan acceso al mall y una bocanada de aire frio me reconfortó; decidí caminar un poco antes de elegir restaurant. Había mucha gente entrando y saliendo de las tiendas. Me detuve a observar el movimiento cuando de pronto, como una aparición, vi a lo lejos una mujer que se me hizo conocida; ella venía sonriente, charlando animadamente con un hombre de edad mediana, muy probablemente de origen mexicano, elegantemente vestido;  la pareja caminaba rodeada por un grupo de hombres corpulentos que llevaban discretamente guardados sus sistemas de comunicación; ella llevaba un traje sastre color beige y una bolsa nacarada Gucci, que hacia juego exacto con los zapatos del mismo tono. Al acercarse y pasar a mi lado no me quedó la menor duda: era  la mujer más poderosa de México; también la más temida; posiblemente la más odiada: Elba Esther Gordillo, “la maestra”.

Elba Esther Gordillo desde hace 22 años dirige el sindicato más grande de Latinoamérica, más de un millón de maestros repartidos por todo el territorio mexicano. Entre los poderes que se le atribuyen a la líder vitalicia del SNTE (Sindicato Nacional de Trabajadores de la Enseñanza) está el de determinar los resultados electorales. No es ningún secreto que su apoyo a Felipe Calderón resultó crucial para que se hiciera con la presidencia de la República en 2006. La Maestra logró que unos 400.000 profesores -según fuentes de su entorno- votaran oportunamente por Calderón en detrimento del candidato de la izquierda, Andrés Manuel López Obrador. A cambio, Elba Esther Gordillo se aseguró el control de la Lotería Nacional, del ISSSTE -la seguridad social de los trabajadores del Estado- y de una subsecretaría del ministerio de Educación Pública. Hace unos días, La Maestra -que no da patada sin huarache- convocó a la prensa, hizo una declaración explosiva, reconoció por primera vez públicamente su apoyo a Calderón en 2006. Tal vez su intención era dejar claro, ante la contienda electoral del próximo año, que ella sigue siendo una pieza indispensable en el engranaje del poder.

Nacida en Chiapas en 1945, huérfana a los 3 años y maestra a los 12, Elba Esther Gordillo inició su carrera política en el Partido Revolucionario Institucional (PRI). En 1989, el presidente Carlos Salinas de Gortari la apoyó para conseguir la dirección del SNTE para que apaciguara la mayor revuelta magisterial de la historia. La Maestra lo consiguió y desde entonces se ha dedicado a amasar poder. Bajo su mando, el SNTE dejó de ser una herramienta del PRI para controlar a los maestros y se convirtió en una herramienta de La Maestra para controlar al poder. Extremadamente hábil para leer los tiempos políticos, la diputada y senadora priista en varias ocasiones empezó a coquetear con la derecha del PAN en cuanto se percató de que el viejo PRI empezaba a perder fuerza tras siete décadas de hegemonía. En 2003, y a pesar de ser la jefa de los diputados del PRI, se confabuló con el presidente panista Vicente Fox para aprobar una reforma fiscal. Fue expulsada por alta traición de su partido y, como respuesta, creó el suyo propio. No solo logró el 4% de los votos en las presidenciales de 2006, sino que también supo apartar los suficientes para que Calderón se impusiera sobre López Obrador.

La Maestra no ha aprovechado su inmenso poder para mejorar el estado de la Educación. Castañeda -que la definió en un artículo de prensa como "aliada, amiga y adversaria"- se atrevió a poner en blanco y negro su inmenso poder económico: "Elba Esther Gordillo es excepcionalmente seductora como política y excepcionalmente leal como amiga. Representa el epítome tanto de la debilidad como de la vigencia de la creatividad política mexicana, gracias a su terrible reputación y a sus ideas sorprendentemente modernizadoras y democráticas. Concentra todos los rasgos del carácter mexicano y todas las realidades sociales. Cada mes, la Secretaría de Hacienda retiene las cuotas sindicales de 1,2 millones de maestros antes de transferir sus sueldos a los gobiernos estatales, quienes se encargan de pagarles. Ese dinero es depositado directamente en la cuenta de la dirección del sindicato, que responde ante el Comité Ejecutivo Nacional, que a su vez responde solamente ante Gordillo. Según algunos cálculos -el Gobierno rehúsa publicar cifras exactas- esto representa aproximadamente 10 millones de dólares al mes, o un poco más de 100 millones de dólares al año: su caja chica. La administra con magnanimidad exquisita y cabeza fría. Y echa mano de ella en ocasiones para sus propios gastos, que no son pocos: varias casas y penthouses en la Ciudad de México y sus alrededores, una supuesta casa de lujo en San Diego, bolsas de mano y vestuario de luminaria; sin embargo, como decía mi abuela: “aunque la mona se vista de seda, mona se queda”

 

 

 

 

 

 

lunes, 18 de julio de 2011

Tentaciones y arrepentimientos...

Borrachita me voy para olvidarte,
te quiero mucho, también me quieres.

Borrachita me voy hasta la capital,
p'a servirle al patrón
que me mandó llamar anteayer.

Yo la quise traer, dijo que no,
que si había de llorar, p'a qué volver.

Borrachita me voy hasta la capital,
p'a servirle al patrón
que me mandó llamar anteayer.

 

Mi abuela era una profesora maravillosa; en aquellos ya lejanos días de mi infancia, después de comer y hacer tareas, me enseñaba a cantar canciones populares; así aprendí a cantar con ella, viejas canciones derivadas del cancionero popular mexicano : “Allá en el rancho grande”, “Adiós mi chaparrita”, “Cuatro milpas” y “Borrachita” de Tata Nacho. A propósito de esta última, a mis diez años, recuerdo que no podía entender el punto de vista narrativo y entender quien estaba borracho, si el hombre o la mujer protagonistas de la historia que describe la canción;  aun recuerdo las palabras de mi abuela: “por muchos siglos, ha existido un derecho que en Francés se llama “Droit de seigneur” un derecho feudal que establece la autoridad señorial del amo de ser propietario de la vida de sus siervos. Este derecho le facultaba al patrón para llamar a las doncellas para “servir” en su casa en labores domesticas o bien, cumplir obligaciones en su cama. La canción “Borrachita” describe la historia de una mujer que es llamada por su amo a dejar su aldea, su casa y su familia para servirle; dado que su pena es tan grande, se embriaga y borrachita va a cumplir su obligación, dejando a su enamorado”. En Latinoamérica heredamos este derecho infame durante la época colonial y durante el mestizaje se acuña  la expresión mexicana “hijo de la chingada” que alude justamente a la expresión del derecho feudal del amo sobre la propiedad de la servidumbre indígena.

A pesar de lo que se piensa comúnmente, este derecho sigue vigente en civilizaciones tan refinadas y civilizadas como Francia y como prueba,  podemos citar el escándalo de Dominique Strauss-Kahn quien con su comportamiento ha perpetuado esta tradición siniestra.  El ex-Director del Fondo Monetario Internacional ha practicado este “derecho” a diestra y siniestra. Tal vez la única diferencia es que en su más reciente hazaña, agregó golpes y maltrato físico a la joven camarista de Guinea.  Durante la primera etapa de la cobertura noticiosa de este penoso incidente, los medios presentaron a Strauss como victimario; las fotos de su captura escandalizaron a la opinión pública francesa. Sin embargo, en las últimas semanas, se ha invertido el proceso. Ahora resulta que la camarera no es una blanca paloma y los abogados de Strauss la presentan como mentirosa y por lo tanto se ha debilitado el caso ante la Corte. Como se ha comprobado que la camarera mintió a la policía sobre su ingreso a los Estados Unidos -es una inmigrante ilegal- y que tuvo una conversación, en un dialecto guineano, con un hombre detenido por tráfico de drogas, se dice que la acusación se tambalea y que el propio fiscal de Nueva York estaría pensando en encarpetar todo el asunto.

En Francia, según una encuesta, un 50% de la opinión pública socialista todavía quisiera que Strauss-Kahn sea su candidato presidencial, hay muchos artículos y declaraciones de amigos y camaradas del ex ministro, quienes, encabezados por Bernard-Henri Lévy, atacan con ferocidad a la justicia estadounidense por haber mostrado a la prensa a un Strauss-Kahn esposado y humillado, en vez de respetar su privacidad y su condición de mero acusado, no de culpable. Leyendo lo que escriben, parecería que Strauss-Kahn es una especie de mártir y mereciera ser desagraviado. Personalmente creo que lo que la camarera guineana dice la verdad y que el sexo oral con que se gratificó aun si lo hubiera requerido de buenas maneras y pagado por ello, habría cometido un acto prepotente con mujer infinitamente más débil y vulnerable que él, la que se habría sometido por necesidad o por miedo, de ningún modo seducida por la apostura o la inteligencia del personaje al que encontró desnudo en la habitación que iba a arreglar. Rehúso pensar que por las mentiras de la camarista van a atenuar las faltas del “intocable” Strauss-Kahn. Pienso que lo que se juzgará en la corte es otro asunto: la culpabilidad o inocencia del acusado. Si la buena conducta previa de la persona fuera determinante, Strauss-Kahn resultaría aun más perjudicado, pues tiene un largo historial de abusos similares.

Al escuchar las explicaciones de mi abuela, abrí los ojos desmesuradamente e inquirí: “entonces abuela, ¿mi papa tiene el derecho de mandar llamar a Agustina, la muchacha, para que le “sirva”? mi abuela rio estrepitosamente y me dijo: claro que si, aunque dudo que lo haga; en esta casa, solo contratamos muchachas muy gorditas, bizcas o entradas en años; para que no haya tentaciones ni arrepentimientos…

 

 

 

 

 

miércoles, 13 de julio de 2011

El sueño de Cabral...

Al terminar de instalar la tienda de campaña sentí las fauces del viento frio morder mi cara; “esta noche va a helar” le dije a Carlos. “Si, pero con tequilita se nos quita” respondió mi amigo.”Te salió el verso sin esfuerzo”, le respondí entre risas. Habíamos llegado a Guanajuato esa tarde de Octubre, con el fin de pasar el fin de semana y asistir a los Entremeses Cervantinos, una serie de conciertos y eventos artísticos que se llevan a cabo anualmente y que congregan a millares de turistas nacionales e internacionales. Carlos y yo teníamos ambos  veintiún años y muchas ganas de fiesta. Sabiendo de antemano que no habría habitaciones baratas disponibles, se  nos ocurrió la idea de “irnos de mochilazo” como tantos jóvenes de la época  y acampar en la explanada frente al aristocrático Hotel Real de Minas.

Instalamos una pequeña carpa doble entre centenares; había una multitud de gente joven que como nosotros, querían disfrutar de los conciertos y gastar lo menos posible; aquel tenderete móvil se instalaba de noche y se desinstalaba al amanecer; el gobierno municipal así lo había anunciado, para proteger la estética del centro de la ciudad, considerada Patrimonio Histórico de la Humanidad. Esa noche, el frio se había desatado y varios grupos habían encendido varias fogatas para vencerlo. Alrededor de cada fogata, trovadores improvisados, armados guitarras y percusiones, entonaban canciones de “protesta” : oíamos a lo lejos Cantares de Joan Manuel Serrat,  otros entonaban Comandante Che Guevara,  y mas allá, oíamos las estrofas de Gracias a la vida de Violeta Parra. Tragos de ron, mezcal,  tequila y brandy se consumían sin remordimientos, para mitigar el frio y entre más pasaba el tiempo, mas aumentaba el volumen de aquel grupo coral espontaneo.

En nuestro deambular entre una fogata y otra, escuché la voz de una mujer joven, que me pareció extraordinaria; cantaba con una fuerza y un dominio fuera de serie; aunque empezaba a oscurecer  pude distinguir sus rasgos: era delgada, de estatura regular, con el pelo largo y rizado, de piel oscura, ojos grandes y melancólicos, como los de un ángel barroco. La mujer cantaba “Canción de todos” que originalmente interpretaba Mercedes Sosa. Por su madurez vocal, llegue a encontrar alguna semejanza con el timbre de voz de Edith Piaff.  Al terminar de cantar, la audiencia improvisada le aplaudió de buena gana y ella, ignorando los gritos “otra, otra, otra” salió del centro de aquel grupo de gente y se colocó  justo al lado mío; “hola, ¿cómo te llamas?” le pregunte con el desenfado de mis veintiún años. “Eugenia” me dijo sonriendo. “Vas a cantar en algún teatro de Guanajuato este fin de semana?” agregue. “No, como se te ocurre; voy a cantar en una peña folklórica mañana en la noche, en un lugarcillo por ahí, cerca del Bar El Arcángel, por la calle Independencia” me dijo con sencillez. “Ah bien, si nos invitas, mi amigo y yo te iremos a ver” le respondí. No alcanzo a responderme cuando la ataque con una nueva pregunta: “Bueno, te llamas Eugenia pero  cuál es tu nombre artístico?”. La mujer soltó una carcajada mientras respondía: “No tengo nombre artístico, me llamo Eugenia Leon, así nomas”. “Pues mucho gusto, Eugenia y hasta mañana”.

Al día siguiente, después de levantar la casa portátil, mi amigo y yo vagabundeamos por las callejuelas y fuimos al mercado a comer; sentados en bancas de madera, disfrutamos de unos huaraches de queso frasco bañados con salsa verde; posteriormente caminamos hacia el centro de la ciudad, visitamos varios museos y nos asomamos en algunas iglesias barrocas y neoclásicas; posteriormente, ya entrada la tarde, nos tomamos un par de cervezas en uno de esos bares al aire libre, para contemplar la multitud de aves que buscaban refugio de aquel aire frio nocturno que se avecinaba. “Carlos, vamos a la peña, a ver cantar a nuestra amiga Eugenia” le comenté a mi amigo.  “Claro que no Luis” esta noche se presenta en la explanada de la Alhóndiga de Granaditas Facundo Cabral, y ese sí, no nos lo debemos perder. Caminando entre la muchedumbre, llegamos a la Alhóndiga y aunque con dificultad, encontramos un sitio entre los escalones de madera improvisados para dar albergue a los espectadores. Esa noche conocí a aquel trovador que yo jamás había escuchado y que  con acento argentino empezó a “predicar” ganándose la rechifla de la multitud que se calló hasta que las notas de su guitarra se escucharon,  acompañadas de una voz potente cuya estrofa decía: “no soy de aquí, ni soy de allá, no tengo edad, ni porvenir y ser feliz, es mi color de identidad…”. A esa canción siguió otra, y luego otra, hasta que se despidió cantando una canción que decía “chau, nos volveremos a ver", "yo soy tu amigo porque soñaste el mismo mundo con el que sueño".  Han pasado treinta y cinco años de aquel concierto y desafortunadamente no lo volví ni lo volveré a ver;  sin embargo, oyendo sus canciones en estos días posteriores a su partida, he descubierto que Cabral tenía razón, pudimos ser amigos porque comparto ese mismo mundo que él soñaba…

 

 

 

 

 

martes, 5 de julio de 2011

El agua y el amor...

Hay una relación entre el amor y el agua: tres años antes de terminar mi carrera universitaria, tuve la oportunidad de visitar una ciudad del centro de México que me pareció fascinante: Querétaro.  Desde el primer momento en que recorrí sus calles, sabía que iba a vivir ahí. En 1977 renté una casa justamente enfrente del símbolo de la ciudad: el acueducto, esa monumental edificación de 74 arcos que alcanzan una altura promedio de 23 m y una longitud de 1300 metros. Juan Antonio de Urrutia y Arana, Marques de la Villa del Villar del Águila, lo mandó construir entre 1726 y 1738 para satisfacer una petición de las monjas capuchinas y llevar agua hasta la ciudad. No sólo puso la mayor parte del capital, sino que él mismo trazó, calculó y se sumó a la labor de cientos de trabajadores. Según la leyenda, estaba enamorado de una de las monjas y por eso gastó una inmensa fortuna para construir el acueducto y llevarle agua, aunque se ignora si la monja verdaderamente disfrutó de aquel regalo.

En 2005 al visitar Estambul, me hospedé en un hotel boutique situado en el barrio de Sultanahmet, justo al lado de los recién remodelados Baños Roxelana. Roxelana era el nombre una de las mujeres más poderosas del imperio Otomano, amante del Sultan Süleyman. Fascinado por quien llamaba “mi compañera de ojos pícaros y mi gran y único amor”, el Sultán Süleyman mandó construir unos baños para Roxelana y su corte. Los baños de Roxelana se levantaron en el centro del poder imperial, en la explanada que lleva desde Santa Sofía a la Mezquita Azul. El edificio, uno de los más bellos hamam (baños) de toda Turquía, fue usado durante cuatro siglos para las abluciones de la corte y por quienes acudían a rezar en las dos grandes mezquitas de Estambul. Con la llegada del siglo XX, los baños se convirtieron en un bazar de alfombras hasta que el 2003 se comenzaron los trabajos de restauración para devolver el edificio a su uso original.

Los baños turcos, al igual que los harenes, siempre ha evocado imágenes sugestivas en nuestra cultura occidental. Sin embargo, los hamanes -como se les conoce- son esencialmente baños públicos para asearse antes de acudir a la mezquita. Hoy en día, muchos turcos siguen lavándose en hamanes dos o tres veces a la semana, mientras conversan con amigos, una de las actividades favoritas del país. Además, para las mujeres, recluidas durante siglos en sus casas, el hamam era el lugar de encuentro por excelencia en el antiguo Imperio Otomano. También era el lugar donde las madres podían ver a las jóvenes desnudas y elegir, según la anchura de sus caderas, cuál sería la esposa la más adecuada para sus hijos.

A pesar de que ahora todas las casas en Turquía tienen baño propio y agua, el hamam sigue siendo la piedra angular sobre la que giran muchas tradiciones femeninas. Es imprescindible para una novia turca acudir a un haman antes del matrimonio, acompañada de sus amigas y sus familiares. Aquí la futura novia se prepara para su futuro: las amigas se encargan de lavarla, las mujeres mayores comparten consejos, se comen dulces y fruta y se escucha música. Otra tradición es el lavado del bebé. Tradicionalmente las madres y los recién nacidos no podía poner un pie fuera de la casa durante los 40 días posteriores al parto. Era una especie de cuarentena, tras la cual, la madre y su retoño acudían a un haman para lavarse. Aunque la tradición del encierro ha desaparecido casi por completo, todavía se celebra el lavado del bebe como una fiesta, con música y comida. Se desconoce si la Roxelana usó los baños. Murió en 1558, un año después de que concluyeran los trabajos. Indudablemente, el agua ha sido tanto en Oriente como en Occidente, una irrefutable prueba de amor.

 

 

 

 

 

lunes, 27 de junio de 2011

The place where dreams come true...

Jose Antonio Vargas ha salido dos veces del closet; la primera vez fue cuando confiesa valientemente que es gay durante una discusión en clase, frente al grupo de sus compañeros y el profesor. En ese tiempo, estudiaba la preparatoria y tenía apenas 18 años. Esta segunda vez, Jose Antonio ha ido más lejos: a los 30 años, e inmediatamente después de obtener el premio Pullitzer, reveló su situación ilegal y ahora enfrenta el peligro de ser deportado del país donde creció. “Estoy harto de huir, de andar corriendo, me siento cansado y exhausto” confesó Vargas; “ya no quiero seguir viviendo en estas condiciones”.

Su artículo “My Life as an Undocumented Immigrant” publicado el 22 de Junio de este año en el New York Times y sus declaraciones posteriores han dividido opiniones. Para algunos legalistas, habría que denunciarlo y deportarlo a su país natal, Filipinas, punto. Para otros, Vargas es considerado héroe y una voz influyente  que puede ser un punto estratégico que influencie la reforma migratoria. Tal vez antes de adoptar posiciones, sea conveniente tener la foto completa de esta historia.

Cuando Vargas tenía 12 años,  sus familiares pagaron a un “coyote” para que lo ingresara a EEUU y lo trasladara hasta California, entregándolo en la casa de sus abuelos. Vargas tuvo conciencia de su estatus ilegal algunos años después, cuando fue a solicitar su permiso de conducir y un empleado de la oficina de transito al revisar su tarjeta verde, la rechazó por ser una copia falsificada. Decepcionado, Jose Antonio confrontó a sus abuelos por su estatus ilegal en este país.  Inteligente y ambicioso, el joven destacó por grandes logros académicos en la preparatoria y se convirtió rápidamente en editor del periódico estudiantil; sus altas calificaciones llamaron la atención de directivos de la escuela preparatoria quienes al saber de su estatus ilegal, le ayudaron a obtener en Oregon su licencia de conducir y a través de una falsa tarjeta de seguridad social, consiguió oportunidades para realizar prácticas profesionales.

Con el apoyo de sus benefactores de la preparatoria, consiguió una beca que le permitió ingresar a la escuela de periodismo de la Universidad Estatal de San Francisco y finalmente con papeles falsos obtuvo empleo en La Crónica de San Francisco y en el Washington Post donde iniciaría una brillante carrera como reportero.  Su cobertura de los acontecimientos violentos en el Tecnológico de Virginia por parte de Vargas y su equipo noticioso, les hacen acreedores al Premio Pullitzer.

Es importante mencionar que el articulo de Vargas fue originalmente preparado para ser publicado en El Washington Post; sin embargo, al enterarse que no habían autorizado la publicación, Vargas contactó al New York Times, cuyos editores se dieron cuenta desde el principio que aquel reportaje constituía un importante material noticioso. El articulo muestra las contradicciones e ilustra al público estadounidense sobre la injusticia y la crueldad de las actuales leyes migratorias.

El debate que ha despertado este artículo es feroz porque muestra que los inmigrantes ilegales en este país ya no se dedican a lavar platos, ni a recoger zanahorias y tampoco a cuidar niños, sino que una mayoría creciente, ostenta títulos universitarios. Vargas forma parte de los millones de inmigrantes que -siguiendo una vieja tradición estadounidense- están transformando el país y contribuyendo a su progreso. La población hispana, por ejemplo, se va a triplicar en los próximos 50 años. Su poder adquisitivo se incrementa a una tasa tres veces mayor que el promedio nacional, al igual que su ritmo de creación de nuevas empresas. La clase media hispana de Estados Unidos es hoy una de las de mayor crecimiento del mundo: en 20 años aumentó un 80%.

El futuro de Vargas es incierto, como también incierto para legales e ilegales, la construcción del famoso sueño americano; este país hace mucho dejó de ser The place where dreams come true…leyenda que solo es creíble en los parques de Disney.

 

 

 

 

 

lunes, 13 de junio de 2011

Sin tener que pedir disculpas...

Estoy francamente harto de oír los calificativos y alegorías que normalmente usamos para referirnos al éxito y a la fortaleza de una mujer; expresiones como “Es una mujer con muchos pantalones” o peor aún, “Es una mujer pero tiene los huevos mas grandes que cualquier hombre” La pregunta es ¿Por qué debemos usar epítetos masculinos para evidenciar que una mujer triunfa y logra metas?  Tal vez porque vivimos en un mundo regido y diseñado por y para hombres, y todo lo que se separa, se aleja o se diferencia de éste,  o no tiene cabida, o no existe, o tal vez si existiera, es porque ha decidido jugar las reglas masculinas del juego.  Me desesperan también afirmaciones como “Ella es la primer mujer en ocupar tal o cual puesto” porque esta afirmación resta méritos a la persona designada y el género se traduce como una cualidad destacada y como una justificación de apertura. La expresión común que escuchamos para elogiar el papel de una mujer que dice  “atrás de un gran hombre hay una gran mujer” me parece totalmente fuera de lugar.

Mi abuela hizo sus estudios universitarios en 1927 en Francia; a su regreso a México, pago el precio de haberse anticipado históricamente; al recibirla, mi bisabuelo, un hacendado porfirista que había perdido su hacienda y la mayoría de sus bienes durante la revolución,  le dio dos opciones: “o te casas o te vas al convento”. Mi abuela eligió el matrimonio y tuvo a mi madre a quien educó con gran fortaleza; fue ella quien la impulso a estudiar en la universidad y a ocupar puestos políticos en 1945. Ambas detestaban oír que mi madre al escalar peldaños  era “la primera mujer en ocupar tal o cual puesto”; yo crecí escuchando que en la vida, el espacio no debe ser exclusivo ni único del hombre. En 1974, cuando iba a la mitad de mi carrera de ingeniero industrial, di un giro y me cambie de carrera; ingrese a estudiar Comunicación, en donde la mayoría del alumnado eran mujeres; fue ahí donde las enseñanzas de mi madre y mi abuela surtieron efecto. Ambas me prepararon a apreciar y a respetar las diferencias de género; posteriormente, al concluir mis estudios de posgrado en Estados Unidos y regresar a México, trabajé en una universidad regida por un pensamiento que privilegiaba la lógica lineal; siendo humanista, pude vivir en carne propia la prevalencia de una institución diseñada por y para ingenieros; fue muy complicado obtener la aprobación y lograr el éxito; tuve que aprender las reglas de ese juego. Aprecio la vida con una visión distinta, porque fui sustentado en otros hombros, y no en las figuras tradicionales y me siento dichoso de haber llegado este momento en donde hablo y escribo sin remordimientos y sin tener que pedir disculpas.

 

 

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lunes, 6 de junio de 2011

Saber, para contarla...

“Vuelvo hacia todos lados y miro el llano. Tanta y tamaña tierra para nada. No, el llano no es cosa que sirva. No hay ni conejos ni pájaros. No hay nada. A no ser unos cuantos huizaches trespeleques y una que otra manchita de zacate con las hojas enroscadas; a no ser eso, no hay nada.” Juan Rulfo.

 

Discutí inútilmente con la empleada del mostrador de American Airlines; todo fue inútil. Me dio el asiento 25 A, pegado a la ventanilla en vez del pasillo; abordé el avión resignado a no poder estirar las piernas en aquel minúsculo asiento; afortunadamente el avión despegó de la Ciudad de México a tiempo. No tenia sueño, así que poco tiempo después, cuando habíamos cobrado altura, abrí la ventanilla y miré hacia abajo: vi con tristeza aquella tierra árida, estéril y gris; esa tierra desértica de México sirve ahora solamente de refugio a los maleantes; es lamentable que la principal función de las zonas desérticas consista en ofrecer opciones de circulación al narcotráfico.

En 1910 el 80% de los habitantes de México vivía en el campo; esa proporción se ha invertido. Salvo en las zonas fértiles, el campo es una desolación donde apenas se produce. La propiedad colectiva de la tierra, el ejido, impide la inversión privada. El reparto agrario posterior a la Revolución Mexicana, fue en buena medida una operación demagógica que aniquiló las antiguas unidades productivas. La tierra se subdividió en predios inservibles: de peones sometidos, los campesinos pasaron a propietarios inermes. Rulfo lo evidencia en su cuento “Nos han dado la Tierra”:

“El delegado no venía a conversar con nosotros. Nos puso los papeles en la mano y nos dijo:
        —No se vayan a asustar por tener tanto terreno para ustedes solos.
        —Es que el llano, señor delegado...
        —Son miles y miles de yuntas.
        —Pero no hay agua. Ni siquiera para hacer un buche hay agua.
        ¿Y el temporal? Nadie les dijo que se les iba a dotar con tierras de riego. En cuanto allí llueva, se levantará el maíz como si lo     estiraran.
        —Pero, señor delegado, la tierra está deslavada, dura. No creemos que el arado se entierre en esa como cantera que es la tierra del llano. Habría que hacer agujeros con el azadón para sembrar la semilla y ni aun así es positivo que nazca nada; ni maíz ni nada nacerá.
        —Eso manifiéstenlo por escrito. Y ahora váyanse. Es al latifundio al que tienen que atacar, no al Gobierno que les da la tierra.
        —Espérenos usted, señor delegado. Nosotros no hemos dicho nada contra el Centro. Todo es contra el llano... No se puede contra lo que no se puede. Eso es lo que hemos dicho... Espérenos usted para explicarle. Mire, vamos a comenzar por donde íbamos...
        Pero él no nos quiso oír.
        Así nos han dado esta tierra. Y en este comal acalorado quieren que sembremos semillas de algo, para ver si algo retoña y se levanta. Pero nada se levantará de aquí. Ni zopilotes. Uno los ve allá cada y cuando, muy arriba, volando a la carrera; tratando de salir lo más pronto posible de este blanco terrenal endurecido, donde nada se mueve y por donde uno camina como reculando”.

En 2011, el narcotráfico dispone de un país vacío: tierra de nadie. Al mundo no le faltan mexicanos, pero sí al campo. En tiempos de tecnología y pobreza, los terrenos sin nadie ofrecen refugio local a la ilegalidad globalizada que se planea en computadora. Hace cuatro años el presidente Felipe Calderón inició la guerra contra el narcotráfico. Dependiendo de los conteos, ha habido entre 23.000 y 32.000 muertos. Estábamos sentados en dinamita y Calderón encendió un cerillo para comprobarlo. En la escalada de la violencia ha surgido el narcoterrorismo que ataca a la población civil: lanzamiento de granadas hacia edificios públicos, miles de inocentes acribillados por estar en el lugar incorrecto a la hora incorrecta, bloqueo de todas las vías de acceso en algunas ciudades de México, entre otras atrocidades. El economista David Konzevik señaló: "El principal problema económico de México es la ocupación. Lo grave no es que se pierdan empleos formales, sino que los desempleados tienen otras opciones y todas son ilegales". El tráfico de drogas, las armas, y la delincuencia son las opciones de las que habla Konzevic.

La edad predominante en México es de 16 años. ¿Qué horizonte aguarda a los jóvenes? No hay opciones laborales, educativas, religiosas o deportivas que brinden un sentido de pertenencia tan fuerte como el crimen organizado. Incapaz de incluir a los jóvenes, el Estado tiende a criminalizarlos de antemano como "delincuentes juveniles". Esto ha operado como una profecía que se cumple a sí misma: los carteles les han ofrecido identidad y códigos compartidos. El saldo más extraño de la batalla contra el narco es que desconocemos a protagonistas decisivos. Es poco lo que sabemos del Ejército y las distintas perspectivas que ahí se tienen. Pero sobre todo, es nulo lo que sabemos de Estados Unidos. La DEA ha brindado celebridad a los capos mexicanos. Esta política exterior no tiene un correlato interno. El vecino del norte, principal consumidor de drogas y exportador de armas opera en la sombra. México aporta los muertos, es decir, las historias. ¿Dónde está la otra parte de la narrativa? Lo ignoro; quisiera saber, para contarla…